domingo, 11 de abril de 2010

SWV con Themo Lobos: Entrevista (1º Parte)



Cuando lanzamos la idea de darle una ventana a los creadores de la V Región siempre tuvimos en la mente poder estar con este gran personaje alguna vez. Si bien él no es natural de la V Región vive en ella y lo hemos sentido parte de nuestra tierra. Para Star Wars V Región es un verdadero honor haber tenido la oportunidad de compartir con él y llevarles a ustedes una entrevista realizada por nuestro miembro Gastón Troncoso. Les dejamos con esta primera parte de la entrevista a Don Themístocles Lobo, más conocido por todos como "Themo Lobos".



-Háblenos sobre su infancia.

Nací en Santiago, mi padre venia de Talca y mi madre de Santiago. Mi padre era militar y luego obrero. El dinero no abundaba pues éramos 6 hermanos, así que aunque fuese una sopita de pan para nosotros era la delicia máxima. Mi madre cocinaba a la manera campesina, cosas riquísimas.
Mi papá llego al grado de Sargento Mayor, hasta cierto día en que vio a un oficial de rango mayor golpear salvajemente con su sable a un mapuche. Gran pena fue la que ese día vivió mi padre, cuando supo que al defender al mapuche, tendría que abandonar el ejército. Fue así que luego llegó a ser un policía, de Uniforme Azul.

En esos años no se respetaba para nada a los Mapuches, e incluso la autoridad los trataba como basura y mi padre no toleraba eso… Bueno, entonces sin más que hacer mi papá se transformó en obrero.



-¿Y su habilidad para el dibujo fue heredada de alguno de sus padres?

¡Si! (sonríe), mi padre tenía una increíble facilidad para hacer dibujos además de una letra caligráfica maravillosa. El utilizaba plumas marca “R”, al igual que Lukas,( gran dibujante y arquitecto.)

Te voy a contar una anécdota muy linda que ocurrió gracias a la perfecta caligrafía de mi padre:
“En uno de los tantos aprietos económicos que tuvimos como familia mi madre se vio forzada a empeñar su maquina de coser en la “Caja de Prestamos Hipotecarios” que entonces se llamaba “Caja de Crédito Popular”, pero todos le decían “La Tía Rica” pues preferían inventar que un pariente les había regalado plata antes de contar que habían empeñado sus pertenencias, en fin… Esa maquina de coser se la había regalado mi padre a mi madre cuando yo iba a nacer ,de manera que tenia un valor sentimental inmenso para mi mamá. Pero no teníamos el dinero para recuperarla y quedaban sólo semanas para que la tiraran a remate.

Entonces mi padre, con su pluma “R” y su preciosa letra , le escribió una carta al presidente de entonces, Don Pedro Aguirre Cerda. En la carta le explicaba nuestro, apuro diciéndole que la maquina de coser no solo servía para hacernos ropa y así tener, a pesar de nuestra humildad un buen vestir, sino que además servía para que mi madre ayudara al hogar, cosiendo para otras personas y así aumentar el ingreso familiar.

Pasaban los días y se acercaba peligrosamente el remate de la máquina de coser, pero justo 3 días antes del remate, apareciò una orden dictada por Don Pedro Aguirre Cerda diciendo que “…se devolverán en Chile, todas las maquinas de coser que han sido empeñadas en la Caja de Crédito Popular…”.

Nunca hubo una respuesta por escrito, pero claramente la carta de mi padre consiguió que se les devolvieran a todas las familias sus máquinas de coser.”


-Es como el dicho que la pluma es más fuerte que la espada.

Así es (dice con una sonrisa mientras apunta a una maquina de coser que aún conserva en su casa, la que tiene la misma edad de él , 82 años.)


-Uno siempre comienza copiando a alguien. ¿Usted a quien admiraba?

Originalmente cuando yo tenía 12 o 14 años era fanático de Disney y copiaba sus personajes. De ahí me quedó la línea del dibujo animado.

Pero después seguí con la línea humorística. Descubrí a “Ianiro” (dibujante humorístico argentino) y comencé a imitarlo. Aún admiro muchísimo su trabajo.

Pero al tiempo lo deseché porque no se debe copiar, uno tiene que crear su propio estilo, desarrollarlo y vivirlo.


-¿Su familia le puso problemas cuando les dijo que quería dedicarse a realizar historietas?

Afortunadamente no… (Guarda silencio por un momento) Al comienzo pensé que estaban algo decepcionados. Mis padres soñaban que yo fuera profesional de cuello y corbata, un gerente, abogado, arquitecto… un cajero de banco en último caso (ríe). Pero no, lo que yo quería era dibujar, hacer monitos.

Me preguntaban a los 10 o 14 años que quería ser cuando grande y yo decía “Dibujante”, pero mis padres no conocían a los historietistas y pensaban que quería ser de esas personas que vendían retratos en las calles.

Ya mas grande llegué a la Escuela de Artes Aplicadas, (gané un concurso de afiches), y posteriormente a “Bellas Artes”. Ahí aprendí el Óleo, a hacer afiches, mucho manejo de letras, Grabado, Litografías, etc. Pero no era lo que yo quería.

Yo quería hacer historietas pero no ha habido ni hay cursos de historieta en el Chile. En ese tiempo solo estaba el que se impartía en el “Instituto Pinochet Le-Brun”, que es donde aprendieron “Nato”(Renato Andrade) y Leoncio Rojas. Ya no existe, lo cerraron hace muchos años.


-¿No sintió rechazo por parte de sus compañeros del Bellas Artes al manifestar sus ansias de realizar historietas?

No, todo lo contrario!!. Les encantaba porque todos ellos leían las historietas que llegaban a Chile por medio de “El Peneca”. La preferida por todos era “Quintín el Aventurero” que no era más que “Rob, the Rover” (cómic inglés de Walter Booth). Acá le cambiaron el nombre. Bueno, la cosa es que a todos les llamaba la atención la narrativa gráfica, “Quintín el aventurero” se basaba sólo de una seguidilla de viñetas cuadriculadas y en la parte baja tenían Didascalia que es un texto al pie de la viñeta. Esto se debía a que en Europa aún no se masificaba el uso de bocados y globitos inventados en USA para poner los textos.


-¿Y, cual fue su primer trabajo como historietista profesional?

Luego de publicar chistes y la tira cómica “Lobín, lobo de mar”, por Lobos, como colaborador en “Pobre Diablo”, los primeros dibujos que vendí fueron “Ferrilo” (el autómata) y “Homero” (el piloto) a la Nación, cuando tenia 18 años, firmando como Themístocles Lobos A.
Pero al tiempo me di cuenta de que era muy largo así que lo corté a “Themo Lobos” que es como me llaman mis amigos, familiares, hijos y nietos.


-Ahora haremos una especie de “salto temporal”. Como sabe yo pertenezco a Star Wars V región donde todos somos fanáticos de la ciencia ficción. Usted creo la revista “Rocket”, la primera publicación latinoamericana centrada completamente en cómics de Ciencia Ficción. Háblenos como se gestó todo esto, por favor.

Siempre me dicen que fue la primera revista de cómic latinoamericana centrada en la ciencia ficción pero en aquel entonces no lo sabia.

A mi siempre me gustó mucho la lectura de Julio Verne, era uno de mis preferidos, pero cierto día llegó a Chile una revista que se llamaba “Más Allá” (de 1953) que tenía una selección de cuentos de ciencia ficción, ilustrados. Esta revista en particular inició mi cariño por la ciencia ficción y quise plasmar las inquietudes creativas de ese momento en lo que me gusta, la historieta.

Fue así como se me ocurrió realizar una revista de ciencia ficción y se la ofrecí a la empresa ZIG-Zag. Algunos dicen que fue un gran acierto el nombre “Rocket” pero ahora creo que fue un error ponerle un nombre extranjero… Aunque si le ponía “cohete” no la compraba nadie… menos si le ponía de nombre “Cuete” (ríe). Pero en aquel entonces me pareció muy sonoro.

El proyecto gustó a ZIG-Zag y comencé a juntar a un grupo de dibujantes que yo admiraba mucho como Máximo Carvajal, Lincoln Fuentes y otros. A todos los dibujantes teníamos que entregarles el guión, excepto a Máximo Carvajal que era un creativo total con una línea muy suelta que gustaba mucho en el extranjero. Sin embargo, tuvimos una excelente guionista, Isabel de Haguel, creativa e informada. Escribía muy bien.



-Muchos especulan sobre quien escribía los guiones de las historietas de “Rocket”. ¿Puede decirnos quien era “José Nazario”?

José Nazario Lobos era mi padre (ríe apuntando la foto de su padre que cuelga en su estudio), pero ese también era mi pseudónimo como guionista de “Rocket”. Los que sabían que yo era “José Nazario” me preguntaban porque no firmaba como Themo Lobos a lo que les respondía, mira… Director Themo Lobos, Escritor Themo Lobos, Dibujante Themo Lobos, entonces dije no, es mucho (ríe).

Incluso hay una anécdota referente a la identidad de “José Nazario”. En un número de la “Revista Rocket” decidimos poner las caras de todos los que trabajábamos en la revista. Como Director y dibujante aparecía yo, Themo Lobos. Y en el espacio correspondiente a “José Nazario, guionista” aparecía de nuevo yo, Themo Lobos pero con un bigotito como el de un actor de moda en esos años. No se si los lectores se habrán dado cuenta, pero a nosotros nos causaba mucha gracia (Ríe)


-La revista con el tiempo alcanzó ribetes casi míticos entre los fanáticos del comic en Chile. ¿Por qué dejó la revista cuando estaba en su mejor momento?

Éramos un grupo bastante bueno de dibujantes y la revista se vendía muy bien. Pasaron excelentes dibujantes y guionistas, como los hermanos Gabler, Isabel de Hagel, René Poblete, pero en lo personal, me sobrepasaba en lo que a trabajo y tiempo se refiere.

Cada quince días tenia que venderle el “paquete” terminado a la empresa ZIG-ZAG, que me lo compraba a un precio establecido y de ahí yo les pagaba las páginas a los dibujantes. Si la revista subía sus ventas me pagaban más y ahí yo les subía el sueldo a todos. Esto me traía problemas con los otros directores de ZIG-Zag porque sus respectivos dibujantes comenzaban a pedir aumentos cosa que no se podía porque las otras revistas no vendían tanto como “Rocket”.

Bueno, además las rabias de cuando no llegaban a tiempo los trabajos y la fecha de entrega se acercaba. Muchas veces faltaban 7 u 8 paginas y quedaban pocos días para entregar todo a ZIG-Zag y ahí tenía que dibujar lo que faltaba. A la larga tenia que ser Director, recaudador, mensajero, pagar sueldos, contador, dibujante, guionista, un poco más y terminaba haciéndolas de quiosquero también (ríe).

Al final me enfermé de los nervios, con una alergia insoportable. Por suerte llegué a un médico que me dijo “tómese un mes de descanso porque esto es puro exceso de trabajo”, en esos tiempos no era muy conocido pero yo tenia un “stress” tremendo.

De ahí un amigo tomo a “Rocket” y le cambió el nombre a “Robot”. Todo el humor que se mezclaba con las historias serias y que era la característica de “Rocket” desapareció centrándose solo en las historias mas duras y mientras todo eso pasaba yo me ganaba la vida haciendo historietas para “El Peneca” y “Barrabases” que también pertenecían a ZIG-ZAG y Guido Vallejos.



-¿Y como llegó a Mampato?

Un día llegó a mi casa un señor . Se presentó como Eduardo Armstrong, me habló de una revista nueva que ya había publicado su primer número y que le gustaría que me hiciera cargo de la historia principal.

Eduardo me comienza a explicar su dilema. La revista se llamaba Mampato y que dibujaba un muchacho de nombre Óscar Vega.

Me llama después Oscar y me dice “Themo por favor toma la historieta porque yo no soy capaz por tiempo… se ve que la revista va para arriba”. Oscar era u n muchacho talentoso, pero muy joven para enfrentar el desafío enorme de crear personajes, aventuras, argumentos, etc.
En definitiva, le dije a Eduardo que aceptaba pero con una sola condición, “ Los argumentos tienen que ser míos porque no acostumbro dibujar ideas de otras personas” y Eduardo aceptó. Fui a las revistas donde estaba trabajando para llevarles los finales de todas las historietas que estaba realizando y después me fui a Mampato.




-El Mampato de Armstrong y Vega es muy diferente al suyo. ¿Cómo se llegó al Mampato que hoy conocemos?

Lo primero que noté cuando vi, por primera vez , la historieta de Mampato, fue su gran parecido con “Asterix”, su expresión corporal, pies grandes, todo a lo “Asterix” pero sin bigote, como un viejo chico, era tan igual a “Asterix” que incluso su primera aventura era en la Roma antigua (ríe). Así que lo primero que hice fue transformar a ese enano en un niño, le inventé el “Cinto espacio-temporal”, y lo saqué de Roma lo más rápidamente posible.

De allí a África y a otras aventuras, y las ventas seguían aumentando así que seguí en esa línea , siempre muy preocupado por la documentación, que para mí es primordial al realizar un guión. Creo que a los niños de entonces les hacía falta el sentido de la aventura, pero bien documentada.




Fin primera parte